
¿Bizarro, eh? Eso mismo he pensado yo cuando lo he visto esta mañana en una caja de palillos (porque se supone que eso es lo que es, no un monstruo del cieno). También me ha hecho darme cuenta de que tendré que tomarme a broma, insensibilizarme, o lo que sea ante lo que ha pasado de ser una costumbre semanal a una diaria: las broncas entre mis abuelos. Que si no lo quiero en mi casa, que si no se merece vivir, que si me da lástima porque soy humana... Por mi que se mueran ambos, preferiblemente matándose entre ellos (que, por otra parte, es lo más probable).
No, insensibilizarme no. Tomármelo a broma, a medias. El monstr... el palillo mola mucho y puedo jugar a poner su cabeza sobre la de otras personas. Pero no puedo hacer como que no pasa nada. Porque los auriculares están insonorizados y puedo pasar de los berridos de mis abuelos, pero los muy cabrones están amargando las vidas de mis padres. Porque, al fin y al cabo, nos vemos todos los días y es casi imposible pasar. Porque aunque aparte la vista, los problemas seguirán ahí.
Como el desastre del huracán Katrina, que parece haber remitido ahora que ya no se ve por la tele. O como ciertas amistades, que parecen haberse olvidado ahora que ya no se me ve por el instituto. Menos mal que otras no se resienten (gracias Mary, la ganadería nos une).
Hoy la canción protagonista ha sido Closer, de Nine Inch Nails, que sonaba cuando me topé con el monstruo del cieno.
